Cuando inviertes a través de un banco, una sociedad de valores o un broker online, hay un conjunto de normas europeas que determina cómo deben tratarte. Se conoce como MiFID II (Directiva 2014/65/UE, completada por el Reglamento MiFIR) y en España se aplica principalmente a través de la Ley 6/2023 de los Mercados de Valores y de los Servicios de Inversión y su desarrollo reglamentario. Entender sus ideas básicas te ayuda a saber qué puedes exigir y, sobre todo, a reconocer cuándo alguien que te ofrece invertir no está jugando con las reglas del sistema.
Qué es MiFID II y a quién se aplica
MiFID II regula la prestación de servicios de inversión: recibir y transmitir órdenes, ejecutarlas, gestionar carteras, asesorar o colocar productos financieros. Solo pueden prestar esos servicios de forma profesional las entidades autorizadas: empresas de servicios de inversión (ESI), entidades de crédito y algunas otras figuras previstas en la ley. Te explicamos cada tipo de entidad en la guía sobre qué es una ESI, un banco o una entidad de pago.
La idea central es sencilla: quien vende inversiones tiene que actuar en el mejor interés del cliente y demostrarlo con procedimientos, registros e información por escrito.
MiFID II sustituyó a la primera directiva MiFID y empezó a aplicarse en 2018. Entre sus novedades destacan unas reglas más estrictas sobre incentivos (las comisiones que una entidad cobra de terceros por venderte sus productos), la distinción entre asesoramiento independiente y no independiente, y la obligación de que cada producto tenga definido un público al que va dirigido. Para ti, la consecuencia práctica es que la entidad debe poder explicar por qué te ofreció un producto concreto y cuánto te cuesta en total.
Las obligaciones principales, una a una
- Conocer al cliente: antes de ofrecer ciertos productos, la entidad debe evaluar tus conocimientos, experiencia y, en algunos casos, tu situación financiera y objetivos.
- Clasificarte: como cliente minorista, profesional o contraparte elegible. El minorista recibe la máxima protección.
- Informarte con claridad: la información, incluida la publicidad, debe ser imparcial, clara y no engañosa.
- Transparencia de costes: la entidad debe informarte de los costes y gastos antes y después de invertir.
- Mejor ejecución: tus órdenes deben ejecutarse buscando el mejor resultado posible.
- Gobernanza de productos: cada producto se diseña para un «mercado destinatario» y no debería venderse fuera de él sin justificación.
- Registro de comunicaciones: las conversaciones telefónicas y electrónicas relacionadas con órdenes deben grabarse y conservarse durante un tiempo.
- Conflictos de interés e incentivos: deben identificarse, gestionarse y comunicarse.
Cómo se nota MiFID II en la práctica
| Lo que deberías ver en una entidad autorizada | Lo que suele ocurrir en una plataforma fraudulenta |
|---|---|
| Contrato y condiciones generales por escrito | Solo un registro web y un «gestor» por WhatsApp |
| Test de conveniencia o idoneidad antes de productos complejos | Te «ayudan» a rellenar el test o no existe |
| Información de costes antes de operar | Comisiones que aparecen cuando intentas retirar |
| Advertencias de riesgo visibles | Promesas de rentabilidad garantizada |
| Número de registro verificable en la CNMV o en el supervisor de origen | Licencias de jurisdicciones lejanas o inexistentes |
Qué derechos te da en caso de problema
MiFID II no garantiza que no pierdas dinero: invertir siempre conlleva riesgo. Lo que sí te da es un marco para reclamar cuando la entidad no cumplió sus obligaciones. Por ejemplo, si te vendieron un producto complejo sin evaluar tu conveniencia o sin informarte de los riesgos, ese incumplimiento puede ser relevante en una reclamación ante el servicio de atención al cliente, ante la CNMV o, en su caso, ante los tribunales.
Con las plataformas no autorizadas el problema es distinto: no hay entidad supervisada a la que exigir el cumplimiento. Por eso lo primero es siempre verificar si el broker está autorizado.
Importante: que una web cite «MiFID II» o muestre logotipos de reguladores no demuestra nada. La única comprobación válida es el registro oficial del supervisor.
Qué hacer si crees que no se respetaron tus derechos
- Reúne el contrato, los tests que firmaste, la información precontractual y los extractos.
- Comprueba en la CNMV si la entidad estaba autorizada para el servicio que te prestó.
- Si es una entidad autorizada, presenta una reclamación por escrito a su servicio de atención al cliente.
- Si no responde o no estás de acuerdo, puedes acudir al servicio de reclamaciones de la CNMV.
- Si la plataforma no está autorizada, prioriza la denuncia y el contacto con tu banco.
Si quieres que alguien revise tu documentación desde la óptica de estas obligaciones, puedes solicitar una revisión documental o empezar por una consulta.



